En un lugar de la politécnica de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que andaba un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.
Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año) se daba a pasearse en su corcel con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio del estudio. Y así tuvo compañeros que departían su afición por el amor a las putas...perdón rutas.
Y así el joven empezó a ser un peligro al volante y amenazaba la vida de los negritos que pedían monedas en la perimortal. Se creyó Meteoro, chofer de ambulancia, taxista en Nueva York, etc. Las calles eran un juego de video, rebasar era ganar puntos, asustar a los transeuntes y jugar con el peligro de rayar un auto eran la gasolina del chofer.
El desapareció sin dejar rastro casi...su leyenda es como la del jinete sin cabeza, o como la del barbón sin barba. Dicen que vuelve...déjenlo volver.
lunes, 29 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario